LA EXTRANJERA
Acabo de terminar de leer un breve libro que me ha dejado un regusto amargo pero ,a la vez, placentero. "El extranjero" de Albert Camus. Trata de un hombre que vive día a día sin sentir nada, va de un sitio a otro, habla con personas, asiste al entierro de su madre...como si fuera un autómata, sin sentimientos, sin pensamientos profundos. Alienado totalmente. Sólo siente obsesión por el tiempo, por la naturaleza que le rodea y que le oprime, tanto que un calor insoportable de verano le lleva a cometer un crimen. Me ha recordado a Pascual Duarte. Vaya dos tipos. ¿Esto es existencialismo? Lo entiendo.
No sé si os ha pasado alguna vez, pero hay días que me he sentido como el personaje de esta novela, vagando por la vida, haciendo siempre lo mismo, sintiendo una tibieza anímica que no significa nada, viendo cada día las mismas noticias sin sentir nada, parándote a pensar en unas ideas que alguien te ha cuestionado, sin saber si son realmente tuyas. Porque las ideas, en días como esos, ¿para qué las queremos?, son tan fáciles de cambiar como de destruir. Te aferras a tus ideas, ¿de dónde vienen?, ¿las necesitamos?...Es como cuando sientes la necesidad (¿o alguien te la ha inculcado? ) de tener un coche, sacarte el carnet, conducirlo, cuidarlo. ¿Soy más feliz con ese coche? La sociedad, la familia, el ambiente, los amigos, los medios...nos hacen conducir ese coche. Pues bien, en esos días todo me parece inútil, no necesito ese coche, vaciarte de ideas, vivir sin pensar (admiro a quienes lo consiguen todos los dias), las ideas se las lleva el viento, intentamos que sean la peana del ser humano, ¿realmente nos alivian de la existencia? El personaje de Camus tiene su propia respuesta.
"Hay dos formar de ponerse a leer, como de ponerse a hacer cualquier cosa en la vida: una serena y otra impaciente. Cuando nuestro humores se mantienen en un equilibrio más o menos estable, entramos en el libro dispuestos a que nos cuente lo que buenamente quiera, no le forzamos a que él entre en nosotros y acierte con el resquicio exacto por donde puede inyectarnos consuelo. Simplemente le escuchamos.
En estas ocasiones, la cosecha de la lectura, cuando vale la pena llamarla así, no está alterada por ninguna granizada intempestiva y somos capaces de recoger el fruto y de guardarlo en nuestro graneros con vistas a aprovecharlo algún día.
Es la postura correcta frente a los libros, como frente a las personas: no acudir a ellos con exigencias preconcebidas, abandonarse a lo poco o a lo mucho que nos den. Únicamente así cabe el entendimiento y la comprensión de lo que son y nos dicen". (Carmen Martín Gaite).
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada