MAESTROS REPUBLICANOS
Es el nombre del libro que me recomendaron con fervor y que me estoy leyendo. Es de María Antonia Iglesias, una periodista muy habitual en tertulias de la tele, pero que tiene un seria carrera periodística.
El subtítulo del libro es "Los otros santos, los otros mártires". Por lo que a simple vista ya sabemos qué nos va a relatar. Sí, es verdad, va a hablar del típico tema de las muertes injustas durante la Guerra Civil, en este caso del castigado bando de los maestros. Pero creo que el libro va más allá de la política, después de leerlo te das cuenta que la lucha no es solo de Nacionales contra Republicanos, de falangistas contra rojos, es mucho más, es una lucha eterna de pensamiento, de voluntades, de fuerzas.
Los maestros republicanos no eran esencialmente políticos, eran personas que querían hacer bien su trabajo, enseñar a leer y escribir a todos los alumnos, daba igual su clase social, para que pudieran aspirar a algo más en la España rural de los años 30. Que conocieran el mundo fuera de su pequeño mundo, que supieran que tenían derechos frente al amo, derecho a cobrar un sueldo adecuado, a negociar un contrato, a luchar por su dignidad y a ir a misa sólo si su conciencia quería. Les enseñaron lo que es la libertad y la igualdad. En fin, todas esas ideas ilustradas, reformistas, regeneracionistas, resumidas en unas pocas lecciones impartidas sin cuaderno ni lápiz.
Las fuerzas contrarias, ya fueran falangistas, franquistas o tradicionalistas, eran más que esos nombres, eran ideas arraigadas desde la Edad Media, en las que unas personas valían más que otras y unos trabajaban para que otros vivieran sin problemas. Sometimiento, opresión, servidumbre...eran palabras que el campesino no sabía qué significaban, necesitaba un maestro que le explicara esas palabras y muchas más. Los maestros y maestras de los años 20 y 30 (casi todos originados en la clase media), impulsados por las propuestas progresistas del gobierno republicano, encontraron el sentido a su trabajo, vaían crecer vida donde antes había desierto, aunque los amos de ese desierto no estuvieran de acuerdo.
El sueño de progreso se truncó, ya sabemos lo que pasó, es ya historia. La educación volvió a estar en manos de los eclesiásticos, con la ayuda del estado y las clases privilegiadas. Sólo un dato os doy: en Móstoles (Madrid) fusilaron a un maestro que acaba de montar una escuela pública (con la ayuda del ayuntamiento) para los hijos de los campesinos y obreros. Ese colegio no siguió adelante. Hasta 1958 no hubo en Móstoles un colegio público.
Todos los maestros de los que habla el libro, diez, hombres y mujeres, eran muy religiosos, a regañadientes quitaron el crucifijo de las aulas cuando la República lo pidió, casi todos se confesaron antes de morir, pero ninguno, ni uno sólo fue enterrado en camposanto.
En definitiva, eran personas que hacían su trabajo: educar y enseñar para que la sociedad avanzase, nada más.
(Disculpad si en algun momento he utilizado un tono dramático, si es así es porque se me habrá contagiado del tono sentimental y vehemente del libro de Maria Antonia Iglesias.)
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